22 de julio de 2012
Simpleza
Creo que nunca ha sido complicado hacerme feliz. Si me conoces bien, sabrás que soy patéticamente sencilla y previsible. No necesito rosas, ni bombones, ni dedicatorias de canciones en la radio, ni aviones que escriban mi nombre en el cielo. No pido milagros, porque nunca he visto ninguno. Las sorpresas, cuanto más pequeñas, más bonitas me parecen. Y me vale casi todo, siempre que sea hecho con amor. Todos los detalles son buenos. Abrazos, sonrisas, besos, notas escritas en una servilleta, una visita inesperada, un regalo personal, una flor, una foto, un mensaje de madrugada, palabras simples pero sinceras. Eso sí, necesito que todo ello sea incondicional. Solos o rodeados de gente. Aquí y allí. Ayer y hoy. Y tener la certeza de que si mañana estamos en el fin del mundo, seguirá siendo así. Esa es mi forma de querer y, por lo tanto, es la única forma de sentirme querida.
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